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👋🏼¡Qué pasó Chimuelos!

Mi nombre es José María, más conocido, entre los míos, como “Chimuelo”.
Les quiero presentar mi club, el de mi familia, el de mi gente, el de mis Chimuelos.

Antes que nada, les voy a hablar de mí, desde mis primeros pasos en el deporte hasta este nacimiento, donde mi misión ha cambiado, llevándome a un lugar mucho más allá de nuestras fronteras: hacia las estrellas.

Nací un 19 de octubre de 1996, coincidiendo este día con el nacimiento de este club, por lo tanto, si yo cumplo años, Chimuelos Runners cumple años.

Desde que era un niño, siempre fui noble, curioso y con ganas de explorar.

Mi primera aventura deportiva fue el Judo, un arte marcial que me enseñó la importancia de la disciplina, el respeto y la perseverancia. En el tatami aprendí que, más allá de las victorias o derrotas, lo más importante es el crecimiento personal y la capacidad de levantarse después de cada caída.

Poco después, el fútbol capturó mi atención.

En el campo descubrí la magia del trabajo en equipo, la unión que se genera cuando varias personas persiguen un mismo objetivo. 
La emoción, la alegría compartida en las victorias y el apoyo en los momentos difíciles hicieron que el fútbol fuera una parte esencial de mi vida durante muchos años.
Tanto siendo un niño como siendo un medio hombretón con mis amigos de la cancha.

Y eso que yo, cuando comencé, era el portero, ya que correr, en esa época, aún no entraba en mis planes. Siempre me gustó visualizar todo desde la portería.

Sin embargo, sabía que aún había más caminos por recorrer.

Mi pasión por los retos físicos y mentales me llevó a participar en carreras de obstáculos, donde el barro, las cuerdas y las pruebas de fuerza se convirtieron en mi día a día.

Aquí descubrí la importancia de la resistencia mental, la habilidad de superar barreras tanto físicas como psicológicas, siempre con la vista puesta en la meta.

Como buen militar y sabiendo que “los ojos de un soldado nunca duermen” en estas carreras pude disfrutar de mi familia, mis diablos.

Siempre acompañándome en cada locura.

Este deporte lo combiné con el pádel. Deporte que me aportó un lugar donde encontrarme con los míos, pasar momentos muy divertidos y romper alguna que otra pala.

A lo largo de todo este recorrido, si hubo algo constante, fue el apoyo de mi madre.
Mi Carmen Laura, mi más que a mi vida, mis cimientos, mi fuerza y mi guía.

Ella fue quien me acompañó a cada entrenamiento, quien me animó a nunca rendirme, y quien estuvo a mi lado en cada paso del camino.

Ella fue quien estuvo presente cuando subía de categoría y cambiaba el color del cinturón en el Judo. En esos días que son tan claves e importantes para un niño.

Ella misma fue quien me animó en el fútbol cuando yo era quien defendía la portería. 

Ella, quien no dudo ni un segundo en apoyarme cuando decidí entrar en el ejército español.

Ella fue quien me enseñó el amor por la montaña y es quien sigue sumando kilómetros por los dos hasta llegar a meta.

Mi compañera de entrenos, de fatigas, de risas, de algún disgusto como el que damos todos los hijos y luego recordamos entre carcajadas.

Pero fue en las carreras de montaña donde finalmente encontré mi verdadero equipo: Zipi, Zape y Zepe.

Siendo mi primera experiencia todo un reto. A cambio de un buen desayuno, las trainers me tuvieron haciendo 100 metros hasta el verdadero Pico de Osorio. Donde descubrí la magia que tiene llegar a la cima después de estar dos horas preguntando ¿Cuánto queda?
Me enamoré de la sensación de libertad que se experimenta al correr por senderos, atravesando paisajes naturales y desafiando mis propios límites en cada ascenso y descenso. Las montañas no solo me brindaron un terreno de juego, sino que se convirtieron en un refugio, un lugar donde conectar con los míos y con la naturaleza. Un lugar donde sumaba muchos momentos, experiencias, kilómetros, anécdotas y recuerdos maravillosos.

 

Por eso, ahora que me toca cumplir esta nueva misión, le paso a ella el testigo. Mi madre será ahora la responsable de continuar con este proyecto, nuestro proyecto, siempre tan soñado y querido: Chimuelos Runners.
Este club no solo lo diseñamos como un espacio para correr o entrenar. Es una comunidad, una familia unida por valores como el compañerismo, la unión, la bondad y el respeto.
Mi lema es que “aquí no sobra nadie” y por eso, aquí todos tienen un lugar, y todos son importantes, sin importar su nivel o experiencia. Mi sueño es que, bajo el liderazgo de mi madre, este club siga creciendo, guiado por los mismos principios que me formaron a mí como persona y como deportista.

 

Sé que está bien acompañada, puedo ver cuanto amor y trabajo hay detrás. Sé que cada día se pone más empeño, más ilusión y más ganas.

Mi Mela (Carmen). Zipi, Zape y Zepe, seguimos latiendo juntos en cada kilómetro, cada paso que damos, cada cima que alcanzamos y cada metra que atravesamos.

Yo, ahora, también estoy muy bien acompañado.
Mi Tatita llegó hasta mi estrella para cuidarme, amarme y protegerme como siempre lo ha hecho desde el día en que nací. 

Nuestros corazones siguen ahí, entre ustedes, en cada carrera, en cada abrazo de aliento, en cada meta y en cada sonrisa de triunfo.
Nos veremos nuevamente, y cuando lo hagamos, estoy seguro de que “Chimuelos 
Runners” será más fuerte, más grande y estará más unido que nunca.

 

Gracias a todos por su apoyo incondicional, y recuerden:
siempre hay un nuevo horizonte por conquistar, ya sea en la tierra… o en las estrellas.

¡Vamos Chimuelos!

Por si aún no conoces el vídeo de ‘Adiós Chimuelo’